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Santa Fe, Mar, 30 de jun de 2026
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Espectáculo 30.06.2026

Leo Montero le contó a Mario Pergolini desde cuando no usa más calzoncillos

En su visita a Otro día perdido, el conductor repasó el comienzo de esta costumbre que adoptó hace casi 30 años

Fuente: TELESHOW

Leo Montero abordó la práctica de no usar ropa interior, detallando cómo este hábito se originó en 1998 durante su tiempo como jugador de basquet

 

 

 

 

La confesión de Leo Montero sobre la razón por la que decidió dejar de usar ropa interior generó risas y sorpresa en el ciclo Otro día perdido. Frente a Mario Pergolini, Soy Rada y Evelyn Botto, el conductor repasó el origen de esta costumbre, que ya lleva más de dos décadas, y repasó cómo se convirtió en parte de su vida cotidiana y hasta de su identidad pública.

Todo comenzó para Montero en 1998, cuando integraba el plantel de básquet de Boca. Según relató en el programa, la decisión de abandonar los calzoncillos no fue deliberada en un primer momento. “Jugaba en la primera de Boca. Durante una semana seguida, me olvidé el calzoncillo después de los entrenamientos. Me bañaba y me iba con el jean o la bermuda directamente”, contó. Ese descuido terminó por transformarse en hábito, y pronto se extendió a otros aspectos de su vestimenta.

Debido a aquella serie de olvidos, no solo dejó de usar ropa interior, sino que se trasladó a otros accesorios: “Me gustó. Y, a partir de ahí, nunca más en mi vida usé ni reloj, ni cinturón, ni calzoncillo”. Así, la comodidad se impuso ante cualquier convención, y el conductor adoptó un estilo de vida más despojado en cuanto a accesorios y prendas consideradas habituales para la mayoría.

La anécdota fue compartida en un clima distendido, con el humor y la curiosidad como ejes. Mario Pergolini, conductor del ciclo, no dudó en destacar lo llamativo de la elección. “Yo no sé cómo ustedes usan calzoncillos. No entiendo la gente que usa todo apretado ahí”, lanzó Montero entre risas, generando la reacción inmediata de Pergolini, que replicó: “Es cómodo”. Rada, también presente en la charla, quiso saber más detalles sobre la experiencia.

 

 

 

 

"Yo no sé cómo ustedes usan calzoncillos. No entiendo la gente que usa todo apretado ahí”, destacó Montero (Adrián Escándar)

El intercambio dio pie a repasar situaciones cotidianas y excepcionales. Pergolini recordó haber visto a Montero usando sunga en Mallorca, a lo que el invitado aclaró que “fue hace mil años” y que incluso en la playa prefiere evitar prendas que le resulten incómodas: “A mí igual me molesta en la playa la bermuda tipo surfer. Me arremango todo. A mí me molesta. Ahora uso una mallita cortita”.

Montero enfatizó que la decisión de prescindir de la ropa interior no solo se limita a la vida diaria, sino que también la lleva a la práctica deportiva. Señaló que continúa jugando al básquet “sin nada”, es decir, sin calzoncillos, algo que para muchos puede resultar inédito o incómodo, especialmente por las características del deporte.

El ambiente del programa permitió que la charla fluyera en tono humorístico, pero también con cierta incredulidad por parte de los anfitriones. Pergolini, entre risas y algo de indignación, advirtió: “¡Pero en el básquet hay mucho apoyo! ¡Eso no está bien! ¡Sienten! ¡Es insoportable!”.

La revelación de Montero no solo despertó la curiosidad de sus colegas durante la charla, sino que también generó comentarios en su entorno social y de pareja. Cuando Pergolini le preguntó si esta costumbre había provocado situaciones incómodas en relaciones sentimentales, el invitado respondió entre carcajadas: “Sí, me lo han comentado, como que ‘ya viniste preparado’”.

Esta frase ilustra el modo en que su decisión, lejos de pasar inadvertida, es percibida y comentada por quienes lo rodean. La ausencia de ropa interior puede ser vista tanto como una excentricidad como una muestra de autenticidad y coherencia con su búsqueda de comodidad.

El relato de Montero en televisión abrió la puerta a un tema poco frecuente en los medios, donde las costumbres personales suelen quedar relegadas a la intimidad. Sin embargo, su tono despreocupado y el contexto humorístico del programa permitieron que la cuestión se abordara con naturalidad, sin caer en el tabú ni en la solemnidad.