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Deportes 14.10.2019

Sergio Hernández: “En Argentina no hay política deportiva”

El entrenador quiere que el deporte llegue a las escuelas, que se ayude a los clubes, que haya más infraestructura y que el apoyo no dependa de resultados.

Fuente: Clarín

El deporte argentino de alto rendimiento es un milagro. Miles de sueños echan a volar desde pibes, se entrenan, se fogonean y chocan contra la falta de apoyo para el empujón inicial. Y aún sin infraestructura de elite en cantidad, con deportistas que trabajan para subsistir, a sabiendas de que sus cuerpos tienen una vida útil, se logran resultados memorables.

-¿Coincidís en que es un milagro, Sergio?

-Es un milagro. ¿En qué triunfamos? No nos engañemos. Como triunfamos en los deportes colectivos que nos gustan, creemos que somos exitosos a nivel deportivo mundial. No lo somos. Nos va bien en algunos deportes de conjunto que se juegan con la pelota: hockey, fútbol, hoy el básquet, Los Pumas, el vóley, el handball​... Son los que están contenidos en los clubes.

-Y el deportista argentino tiene un plus por la lucha cotidiana.

-Yo no sé si es porque este país tiene un mix de razas o porque fuimos y somos permanentes sobrevivientes, pero tenemos un nivel competitivo tan exacerbado que logramos cosas que no deberíamos lograr. En el básquet no somos altos, no somos atléticos, no somos tan rápidos... Pero queremos ganar. ¿Qué hacemos? Si a un jugador le decís que debe ser tremendamente disciplinado, respetar la ciencia del juego, cumplir cada detalle, jugar cada pelota como si fuera la última y entrenarse cuando los otros duermen, te responde: “¿Y de esa manera yo puedo competir? Bueno, sí, listo, vamos".

-Y tenés que hacer al de al lado mejor que vos.

-Claro. Tenés que respetar roles y jerarquías, dejarte liderar y liderar. “¿Vos me decís que así puedo ganar? Bueno, dale, vamos con eso”, te dicen. Son indicadores de por qué el deporte argentino de conjunto logra lo que logra. Pero cuando vamos a unos Juegos Olímpicos nos venimos 28º en el medallero. Si eso es ser bueno en lo deportivo, tengo mis dudas.

El deporte argentino de alto rendimiento es una faceta. El deporte social, escolar y de desarrollo de talentos es otra cosa. Es tierra necesariamente del Estado, que debe hacerse fuerte en la inclusión. Entonces Oveja va al grano: “En Argentina no hay política deportiva y por lo tanto no hay cultura deportiva. ¿Qué es el deporte en Argentina? ¿Cómo se lo considera? ¿Dónde está ubicado?"

-En los clubes.

-Sí, es uno de los países en el mundo en el que quedan clubes, con todo lo que eso significa. El Estado descansó siempre en los clubes y eso hace que tengamos un muy poquito porcentaje de la población joven haciendo deporte federado. Y en los clubes se juega a la pelota. Por eso no tenemos cantidad de atletas.

"En Argentina no hay política deportiva", sentencia Sergio Hernández. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

-¿Hay tiempo para dar vuelta este escenario?

-A tiempo estamos. De última, no lo veremos nosotros ni nuestros hijos. Alguna vez va a explotar esto, porque el deporte a nivel base es una herramienta fundamental en la educación e inclusión y a nivel de la punta de la pirámide es la cuarta economía del mundo, basada en el negocio del entretenimiento. Si no la ves, estás mirando el mundo de espaldas, hermano. Y no es una crítica a este Gobierno sino a todos los argentinos. Pero si hoy no tenemos Ministerio de Educación​, ¿qué podemos pretender del deporte?

-En el plano social e inclusivo, ¿qué política deportiva llevarías a cabo con los clubes, empezando por no asesinarlos con las tarifas?

-Los clubes de barrio deberían ser una política de Estado. ¿Vos sos un club sin fines de lucro? Listo, no pagás este servicio o esto otro. Lo absorbe el Estado. Con una fiscalización coherente y periódica, porque si no me pongo un club y que me apoyen. Es ridículo que una institución sin fines de lucro viva esta realidad cuando aloja a nuestros propios hijos.

-Y los forma no sólo deportivamente sino con valores transportables a la vida cotidiana.

-Es ridículo. Subvencionarlos debería ser una obligación del Estado. Pero ésta es una mínima parte.

-¿Qué otra pata fuerte ves?

-Pensá en un club bien basquetbolero, que tiene desde escuelita hasta equipo de la Liga Nacional. Bárbaro. ¿Cuántas canchas tiene ? Una con dos aros. Me da gracia cuando se dice que hacen falta estadios. Lo que hacen falta son centros de entrenamiento donde iniciar a los jóvenes en el deporte, no polideportivos que los hacen para la foto y después no los toca nadie. Nosotros quedamos embelesados con lo que hizo Pepe Sánchez en Bahía Blanca (el Dow Center). Una persona y una empresa hicieron eso en una ciudad de 400.000 habitantes, cuando debería haber uno o dos por ciudad para que los atletas puedan entrenarse. Hay que descentralizar, para que un chaqueño no deba venirse a Buenos Aires a los 17 años como única opción. Porque la mayoría no va a venir y se va a quedar en el camino. También hay otro tema.

-¿Cuál?

-Que el deporte esté en el sistema educativo, porque por más que apoyemos a los clubes, ¿cuántos pibes podemos subir? ¿El dos por ciento? Que las escuelas estatales tengan su lugar para meterle el deporte a los pibes. "Pero es carísimo", dicen. Sí, flaco, se supone que en los cargos políticos hay gente que está preparada para hacer cosas difíciles. Si no, vamos nosotros. Claro que es difícil meter al deporte en el sistema educativo y carísimo construir centros de entrenamiento o polideportivos para las escuelas estatales. Pero qué se le va a hacer: estás en un cargo para hacer cosas difíciles. Sí es verdad que cuando vivís hasta acá (se toca la frente) de urgencias, lo trascendente no lo ves. Pero el deporte debería ser una política de Estado, como la salud, la educación, la seguridad…

Sergio Hernández, con el presidente Mauricio Macri en la Casa Rosada después del Mundial.

Sergio Hernández, con el presidente Mauricio Macri en la Casa Rosada después del Mundial.

-Pero si todavía se sigue llamando “gasto público" a lo que se invierte en salud y educación, ¿qué te queda?

-Saquémosle la palabra “gasto” y digámosle inversión.

-¿Cómo se puede dudar hoy de que el deporte es una inversión humana?

-En la gobernabilidad deben ser prioridades la salud, la prevención o seguridad, la educación y el trabajo. Y el deporte tiene que ser política de Estado, porque es una herramienta educativa, inclusiva y de negocios demostrada en el mundo. No lo estoy inventando.

-¿Te piden opinión?

-La doy igual.

-Estaría bueno que les pregunten a quienes trabajan hace tanto tiempo en el deporte.

-Tengo la suerte de que tengo un micrófono y digo cosas, aunque algunas no estén fundamentadas y estén basadas en la ignorancia. Si alguien me dice que están trabajando en eso, OK, hago un mea culpa. No hay problema. Pero soy un ciudadano dentro del deporte, con hijos en el deporte, y veo que el deporte no tiene el apoyo que debería tener. Pero no es de ahora sino histórico.

-Si se habla de alto rendimiento, el envión inicial del deportista se da con el apoyo de los clubes y de la familia. Para una beca primero hay que lograr un resultado. El sistema es meritocrático, porque la ayuda llega cuando se produjo un logro.

-Los apoyos estatales con becas no deben tener absolutamente nada que ver con los logros deportivos sino con el compromiso y la dedicación. Si no, ¿cómo hace para tener subvención un deporte de poco arraigo en la Argentina, quiere ocupar un lugar importante? No podés tener resultados si no tenés apoyo. La famosa meritocracia así no va. Mirá que banco a morir el cambio que se produjo con el ENARD y soy amigo personal de Diógenes de Urquiza (titular de la Agencia de Deporte Nacional) y conozco su honestidad y generosidad, pero se lo digo a él también. La meritocracia no debe tener que ver con los resultados. Por ejemplo, si viene uno que hace salto con canguro, no tiene resultados y quiere ser olímpico en 2028, hay que preguntarle qué necesita, apoyarlo y auditarlo con exigencia para que muestre cómo se prepara y su plan de desarrollo. Pero como el deporte no es política de Estado, los funcionarios a cargo de entes deportivos tienen poco para hacer.

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