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Deportes 14.08.2019

Después de dos muertes en pocos días, el boxeo examina sus riesgos

Para evitar las peores lesiones posibles en un deporte peligroso, los protagonistas dependen de las reglas.

Fuente: Clarín

Pat English, abogado de prolongadas e influyentes vinculaciones con el boxeo, daba una lección de historia sobre varias normas federales para este deporte cuando proyectó la fotografía en blanco y negro de un pugilista joven.

El nombre del boxeador era Stephan Johnson, un peso mediano junior que había peleado tres veces (y muy probablemente sufrido al menos una lesión cerebral) en los siete meses previos a su combate por el título de la Asociación de Boxeo de Estados Unidos contra Paul Vaden, en noviembre de 1999.

Johnson estaba bajo una suspensión médica que no fue reconocida por algunas comisiones locales de boxeo y, a pesar de las objeciones de su entrenador, quería ansiosamente regresar al ring para poder ganar dinero suficiente a fin de sacar a su madre de una vivienda social.

Johnson perdió la pelea y la vida. Noqueado en el décimo asalto, fue llevado de urgencia a un hospital, donde los cirujanos le hicieron dos perforaciones en el cráneo. Murió dos semanas después, a los 31 años.

 

 

 

La semana pasada, English, que había presenciado esa pelea, recordó algunos detalles mientras hablaba en una reunión con autoridades que regulan el deporte y lidian con tragedias recientes, demasiado familiares.

Con días de diferencia, el mes pasado fallecieron dos boxeadores después de sufrir lesiones cerebrales en el ring. Maxim Dadashev, ruso de 28 años, murió el 23 de julio, cuatro días después de una pelea de peso welter en Maryland. Hugo Alfredo Santillán, argentino de 23 años, murió el 25 de julio, cinco días después de desvanecerse apenas escuchó el fallo de empate de una pelea de peso liviano en San Nicolás, Buenos Aires. 

 

 

Ambas muertes enmarcaron las conversaciones de la reunión anual de la Asociación de Comisiones de Boxeo (ABC, por sus siglas en inglés), en la que los directores de comisiones estatales y minoritarias examinaron las políticas centrales para el boxeo y otros deportes de combate, que supervisan a nivel local.

Analizaron los tests de drogas, los protocolos de conmoción cerebral e incluso el decoro de los árbitros en las redes sociales (el mensaje principal, en este último caso: "No tuitees pavadas"). Pero las discusiones volvían una y otra vez a una idea básica: el boxeo es intrínsecamente peligroso y para evitar las peores lesiones posibles, los boxeadores dependen de las reglas.

"A veces me pregunto por qué hago esto para ganarme la vida. Pero si no lo hago yo, no lo va a hacer nadie", dijo Mike Mazzulli, presidente saliente de la ABC, en una entrevista telefónica después de la reunión en Scottsdale. Los reguladores y otra gente vinculada al deporte siguen aún buscando respuestas.

"Es un momento en el que todos tenemos que volver al tablero de dibujo y tratar de entender lo que está pasando. Porque algo está pasando", dijo en su discurso en la reunión Mauricio Sulaiman, presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), cuya organización sancionó la lucha mortal de Santillán.

"Cualquier boxeador que sube al ring está dispuesto a hacer lo necesario para ganar, para triunfar y ganar dinero para su familia. Si se le pide que pelee 20 rounds, hará lo que haga falta. Son guerreros. Nuestro deber es protegerlos de sí mismos", agregó.

Así terminó Hugo Santillán su pelea ante el uruguayo Eduardo Abreu. Segundos después, se desvaneció en el ring y debió recibir oxígeno antes de ser sacado en camilla.

Así terminó Hugo Santillán su pelea ante el uruguayo Eduardo Abreu. Segundos después, se desvaneció en el ring y debió recibir oxígeno antes de ser sacado en camilla.

Es toda una demanda para la gente a la que se dirigía Sulaiman. El boxeo no es sinónimo de salud ni de seguridad.

"Los púgiles van a seguir saliendo lastimados y van a morir", sostuvo el doctor Michael Schwartz, copresidente del Comité Asesor Médico de la ABC, mientras hablaba sobre los problemas de responsabilidad involucrados en la práctica de la medicina en el ring side. "Pero estamos aquí para hacer todo lo posible a fin de minimizar esos riesgos", continuó.

Un área donde este deporte puede mejorar, según los reguladores, es la supervisión de cómo reducen el peso los boxeadores antes de las peleas.

El ex campeón mundial de peso ligero Andre Ward, quien peleó por última vez en 2017, afirmó el día en que murió Santillán que era crucial aumentar el monitoreo de la pérdida de peso acelerada justo antes de los combates y de la deshidratación resultante. "La falta de líquido en el cerebro aumenta el riesgo de sangrado cerebral", tuiteó Ward.

 

 

 

 

 

 

 

 

Debido a que los pesajes suelen tener lugar el día antes de la pelea, los boxeadores pasan 24 horas recuperando todo el peso que sea posible. Pero su organismo no puede volver a absorber los líquidos en un período tan corto, lo cual a menudo deja deshidratados a los contendientes, condición que puede dañar órganos vitales y hacer que el cerebro quede menos protegido de lo habitual.

El CMB presentó este año un programa piloto que exigía más pesajes en los días y en las semanas previas a los combates, además de un pesaje final el mismo día de la pelea para medir cuántos kilos aumentaba cada boxeador esencialmente a último minuto.

Andy Foster, oficial ejecutivo de la Comisión Atlética de, ha estado trazando las fluctuaciones de peso de los boxeadores de su estado. Sus hallazgos: de 1.594 pugilistas estudiados en tres años, hasta 2018, 306 habían ganado más del 10 por ciento de su peso corporal en aproximadamente 24 horas antes de sus peleas.

Al compartir esta información, Foster negaba con la cabeza. Dijo que suponía que ignorar sus hallazgos iba a ser más fácil que lo contrario. "Pero no quiero que sea más fácil", continuó.

"Ahora que conozco esta información, tenemos que hacer algo con ella", sostuvo, al tiempo que dijo que iba a empezar a suprimir más peleas.

Maxim Dadashev combate con Antonio de Marco en Las Vegas.Foto: AFP

Maxim Dadashev combate con Antonio de Marco en Las Vegas. Foto: AFP

¿Si hay un aumento de peso del 15 por ciento o más? No hay pelea. Comentó que la comisión de California le había pedido que redactara un borrador en ese sentido, para que los miembros pudieran llevarlo a votación en octubre. Y reconoció que cancelar una pelea iba a ser extremadamente difícil.

"El promotor te empuja contra la pared y tenés 18.000 personas sentadas mirándote -explicó-. Pero no sólo creo que estas cosas son peligrosas; sé que lo son.”

El doctor Schwartz hizo hincapié en la gravedad del problema en el boxeo. Aseguró que por lo general la pérdida de peso rápida, incluso por debajo del 10 por ciento, podría ser fatal. "Estamos hablando de muerte potencial en un 5 a un 7 por ciento" debido a deshidratación, afirmó, contrastando eso con que los boxeadores disminuyan un 15 por ciento o más de su peso.

También recordó algunos papeles que había revisado antes de una pelea reciente en Connecticut. Un boxeador que estaba previsto que peleara en un mes se había sometido a un examen físico que establecía su peso en 96 kilos. Se suponía que iba a pelear pesando 84 kilos. "Si sabemos eso con anticipación, ¿por qué les permitimos entrar en esa categoría de peso?", preguntó Schwartz.

Una de las principales críticas de los aficionados después de la pelea de Santillán fue que pasó mucho tiempo antes de que recibiera atención médica. Se derrumbó en el ring y necesitó ayuda para mantenerse en pie durante varios minutos mientras se leía la decisión arbitral.

El boxeo ha luchado durante mucho tiempo contra el hecho de que muchas de sus peleas se gestionen localmente, lo cual lleva a fallos en la comunicación y a diferencias en las reglas. La ABC ha tratado de frenar algunos de esos problemas, en parte uniéndose con BoxRec, una base de datos estadísticos.

Lucas Matthysse noqueó al tailandés Tewa Kiram y lo mandó al hospital en enero de 2018.Foto: AFP

Lucas Matthysse noqueó al tailandés Tewa Kiram y lo mandó al hospital en enero de 2018. Foto: AFP

Mazzulli dijo que el número de boxeadores que peleaba mientras estaba en suspensión, como lo hizo Johnson en 1999, había disminuido drásticamente en los últimos años a menos del 1 por ciento.

Cerca del final de la convención, Mazzulli quiso volver a repasar la muerte de Dadashev en Maryland. Desde su punto de vista, era difícil ver qué había hecho mal alguien durante la pelea. El preparador de Dadashev, Buddy McGirt, hasta llegó a intervenir para detener la pelea cuando tuvo claro que su pupilo estaba siendo golpeado demasiado.

Entonces, pregunta Mazzulli, ¿no puede este deporte aprender de estas tragedias gemelas? ¿Dónde va a ir a parar?

Schwartz dijo que sería útil poder reunir más información antes de las peleas. "No sabemos qué pasa en el gimnasio -sostuvo, refiriéndose a los púgiles en general-. No sabemos cuánto peso bajaron. No sabemos si sufrieron una conmoción cerebral durante el entrenamiento. Ésta es probablemente la parte más difícil del trabajo: ¿Cómo obtenemos esa información? ¿Cómo logramos que los boxeadores, los preparadores y los managers digan la verdad?".

Traducción: Román García Azcárate

 

Jorge Barrios no dio el peso en su pelea contra el dominicano Guzmán y perdió el título mundial superpluma en 2006.Foto: AFP

Jorge Barrios no dio el peso en su pelea contra el dominicano Guzmán y perdió el título mundial superpluma en 2006. Foto: AFP

Es indispensable que se cumplan las reglas y las normas médicas

Por Horacio Pagani

No es ningún descubrimiento coincidir en que el boxeo es una actividad deportiva violenta y que, más allá de las normas que lo regulan, puede resultar peligrosa si las autoridades -especialmente las médicas- no controlan y convienen con los entrenadores, representantes y promotores las seguridades necesarias para evitar los accidentes que muchas veces surgen de los descuidos en las preparaciones.

Pero es cierto que las muertes de Hugo Santillán y del ruso Dadashev, con dos días de diferencia y a raíz de lesiones cerebrales, uno en San Nicolás y el otro en Maryland, multiplicaron la inquietud por las trágicas consecuencias.

Hay un viejo dicho que explica que el principal rival de un boxeador no es su oponente circunstancial sino la balanza. La lucha por dar el peso demanda el principal esfuerzo para un boxeador, por encima de la búsqueda de la mejor técnica o la mayor potencia. ¿Qué peso? ¿El que corresponde a la naturalidad cotidiana del individuo? No, el que se establece desde afuera por la altura y la contextura y después de un riguroso entrenamiento.

Horacio Accavallo, el pequeño gigante. Le mojaban apenas los labios con algodones en las horas previas para que pudiera bajar de peso.

Horacio Accavallo, el pequeño gigante. Le mojaban apenas los labios con algodones en las horas previas para que pudiera bajar de peso.

Por ejemplo, un boxeador de categoría welter, cuyo límite máximo es 63,500 kilos, lo tiene que dar aquel que de civil pesa 70. Con los rigores del gimnasio, las corridas matutinas y las dietas preparatorias, con el tiempo necesario se llega al objetivo el día del pesaje. Y por una ancestral manía de los preparadores, en lo posible con el registro máximo de los 63,500.

Claro que el estado de deshidratación produce el peso menos real por un ratito. En las 30 horas que separan el pesaje de la pelea, la aguja sube exponencialmente. Como se infla automáticamente con las comidas y las bebidas, el boxeador sube al ring con cinco o seis kilos más que los que tenía el día anterior. Casi el 10 por ciento de su peso.

Y lo mismo suele pasar en la curva descendente, si no se toman los recaudos adecuados. Por ejemplo, cuando se arma una pelea de apuro y el pugilista se ve obligado a bajar en pocos días -a veces- casi el 10 por ciento de lo que pesa en ese momento.

Antes los pesajes se hacían en las mañanas de los días de los combates. Era más peligroso y por eso los organismos cambiaron las reglas alargando el intervalo. La historia dice que a Horacio Accavallo, campeón mundial de los moscas en los '60, se le mojaban apenas los labios con algodones en las horas previas para que pudiera bajar hasta los 50,800, el tope de la categoría.

Víctor Galíndez llegaba al peso como podía, con saunas y hasta con su entrenador sentado a la puerta del baño en la noche previa para impedir que tomara agua.

Víctor Galíndez llegaba al peso como podía, con saunas y hasta con su entrenador sentado a la puerta del baño en la noche previa para impedir que tomara agua.

Víctor Galíndez, fiera y glotón, campeón del mundo medio pesado, llegaba al peso como podía, con saunas y calefacciones incluidas y hasta con su entrenador sentado a la puerta del baño en la noche previa para impedir que tomara agua. Se pesaba a la mañana y luego comía ansiosamente y terminaba vomitando lo que consumía. Así peleaba. Con toda su furia como estandarte.

Y se dio el caso de la Hiena Barrios, que perdió su título por no dar el peso superpluma (59 kilos) en Las Vegas ante el dominicano Guzmán. Cuando esto ocurre, las autoridades le dan dos horas de plazo para bajar. Barrios fue al sauna. Volvió y seguía arriba. No quiso continuar con su calvario y resignó la corona. La pelea se hizo igual. Si ganaba Barrios, el título quedaba desierto. Ganó Guzman y se coronó campeón.

El Consejo Mundial de Boxeo exige ahora un pesaje 30 días antes de una pelea por un título mundial, en el que que los boxeadores no pueden exceder el 10 por ciento del límite de la categoría. Y otro pesaje a una semana, en el que no pasen del 5 por ciento. Hasta llegar al pesaje oficial el día previo. La Federación Internacional de Boxeo fija un pesaje suplementario el día del combate para evitar que los pugilistas no hayan subido el 10 por ciento desde el día anterior.

Hay reglas y normas médicas estrictas en todos los organismos. Es indispensable que se cumplan.

 

 

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