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Politica 15.07.2018

Una multitud de británicos copó las calles en repudio a la visita de Donald Trump

Le critican su xenofobia y machismo. Gritaron duras consignas y algunos usaron cacerolas para hacer ruido y expresar su enojo. El presidente de Estados Unidos se reunió con la reina en el Palacio de Windsor. 

Fuente: Clarín por María Laura Avignolo

Un Donald Trump de papel maché con gigantesca cabeza anaranjada arrastrando encadenados al príncipe Mohammed de Arabia Saudita y su vecino de Dubai. Sombreros mexicanos y disfraz de mariachis para rechazar el muro que pretende construir en la frontera con ese país y la separación de los hijos de sus padres migrantes en la frontera norteamericana. Con el uniforme de prisioneros de Guantánamo, otro grupo le exigía el cierre de este campo de concentración en Cuba y el fin de la tortura. Y unos pocos con cacerolas, sartenes, tambores, silbatos o su propia voz para hacer ruido.

Bronca, ingenio, humor y resistencia. Este fue el método elegido por al menos cientos de miles de británicos en Londres y en el resto del reino en masivas manifestaciones para repudiar la visita de Trump a Gran Bretaña. Consideran que “su racismo, misoginia, sexismo” es contrario a los valores e intereses del Reino y su imagen en el mundo.

Familias, estudiantes, madres, abuelas, transexuales, mujeres, y todas las clases sociales marcharon el viernes desde el mediodía hacia la mítica Trafalgar Square en Londres para repudiar la explosiva visita del jefe de Estado norteamericano.

Carteles. Duras consignas contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la protesta en Londres. /AFP

Carteles. Duras consignas contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la protesta en Londres. /AFP

Exigían que el gobierno británico “no extienda la alfombra roja” a un presidente controvertido y “mentiroso”, que ellos consideran “fascista” y “peligroso” para la estabilidad del mundo.

Varias marchas diferentes convergieron en la simbólica plaza del centro de Londres, donde al menos 12.000 policías vigilaban este carnaval de la resistencia. Muchos llevaban máscaras con una frase: “Trump apesta” o carteles con “Enterremos a Trump”.

Julia Scott había faltado a su trabajo de profesora para estar en la marcha, como tantos otros. “Estoy acá porque creo que Trump está haciendo cosas terribles para el mundo. Es inaceptable para este país tenerlo de huésped. Nosotros tenemos valores en este reino que pisa todos los días, humilla a la primera ministra, cuyo gobierno no comparto, pero respeto como institución. Ahora dice que no dice lo que dijo. No podemos recibir como un héroe a quien se comporta como un mafioso”, reclamó.

Un nuevo fenómeno consiguió Trump. Gente que jamás había participado en una marcha estaba allí, escandalizada, y al mismo tiempo, dispuesta a hacerse escuchar.

“Somos todos inmigrantes”. El gran poster se extendía a lo largo de toda Regent St y era la cabeza de la marcha que avanzaba hacia Trafalgar Square. Detrás, las caras de la Gran Bretaña multicultural, hija de su imperio colonial. Para Amira, descendiente de egipcios, nacida en el reino, Trump “representa todo lo que yo detesto. Su racismo es insoportable, su xenofobia, su narcicismo, su misoginia. Por eso marcho por primera vez en mi vida”.

El actual líder laborista Jeremy Corbyn, alma mater de las protestas durante la guerra en Irak, fue uno de los oradores en la plaza. Para él, el mensaje de esta masiva macha es “de solidaridad. Cuando nos unimos todos juntos con objetivos comunes, nosotros podemos ganar”.

El pro europeo vice primer ministro liberal demócrata durante el gobierno de coalición de David Cameron marchó. “No tenía esa intención pero sus locos ataques contra la Unión Europea, OTAN (tratado atlántico de defensa), y WTO (siglas en inglés de la Organización Mundial de Comercio) han cambiado las cosas. Además sus amigos británicos son Nigel Farage, Boris Johnson, y Piers Morgan. A él no le gusta todo lo que yo creo y cree en todo lo que a mi no me gusta”, escribió.

 

No solo había británicos en la marcha. Muchos norteamericanos también expresaban su repudio. Como Lucy Robbins, que exigía desde un original cartel: “Impeachment para la naranja”.

Cuando todos marchaban, Trump llegaba en helicóptero al palacio de Windsor junto a la primera dama estadounidense Melania para su té con la reina Isabel.

Un presidente narcista y la soberana con más años en el trono , que recibió a otros 11 jefes de Estado norteamericanos. Otro zafarrancho protocolar para Trump después de sus insultos a la premier Theresa May. Con su uniforme de sombrero y tapado lavanda, la reina sonrió cuando le dio su apretón de manos sin abrocharse su traje azul y Melania se olvidó de hacer la reverencia. En la revisión de tropas se cruzaba delante .

 

Después el té, con sándwiches y scons, con una conversación que seguramente Trump reproducirá en sus memorias. El jefe de la Casa Blanca ya tenía la foto con la reina que mostraría como un éxito a los norteamericanos. La soberana cumplió con su gran misión: defender con su discreción y paciencia a los intereses británicos en la peor visita de trabajo de su histórico aliado.

La tempestuosa visita de Donald Trump a Londres ha terminado. Ya ha aterrizado en Escocia para pasar el fin de semana en su campo de golf personal, antes de su encuentro con el presidente ruso Vladimir Putin. Su avión privado Trump One ya trajo a toda su familia para acompañarlo.

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