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Judiciales 04.04.2016

NACIONALES

Lázaro Báez espera recluído la hora de ir a la Justicia

El empresario y su familia bajaron su perfil y prefieren no mostrarse en público; analiza los próximos pasos.

Por: Infobae /

 ÍO GALLEGOS.- El reloj empezó a correr más rápido para Lázaro Báez, quien en las próximas horas deberá abandonar el ostracismo que se autoimpuso en la ciudad donde tiene montado el emporio de empresas y, mal que le pese, presentarse esta semana en los tribunales federales de Comodoro Py. Ya conoce el escenario: será su segunda declaración indagatoria ante el juez Sebastián Casanello.

Por su parte, el fiscal federal Guillermo Marijuan, que también estará en la indagatoria, afirmó ayer que el video donde se lo ve al hijo del constructor en la financiera SGI -que era conocida por sus clientes como La Rosadita-, es "prueba importante, explícita, que echa luz" en el caso y defendió la labor de Casanello al señalar que "se ha trabajado mucho en su juzgado".

A 3000 kilómetros de Buenos Aires, Báez analiza sus próximos pasos. Además de las causas judiciales que lo acosan y el futuro económico de su imperio que entró en una fuerte debacle con la suspensión de la obra pública, lo que más le preocupa al empresario es haber perdido el anonimato con el que contaba cada vez que viajaba a Buenos Aires, incluso ahora él y su familia se recluyeron y evitan mostrarse en público, aún en la ciudad donde tuvieron todo el poder y nunca temieron ningún escrache.

La difusión de las imágenes de videos donde se lo ve a su hijo Martín Báez y gente de su entorno contando billetes en una financiera que fue de Federico Elaskar y que compró Báez, según las propias declaraciones del financista, devolvió al escenario mediático al empresario que creció raudamente bajo el amparo del kirchnerismo.

En las últimas horas empezó a recibir pedidos de entrevistas de una gran cantidad de periodistas y medios. Báez elige no mostrarse en público y se hace negar por los custodios de seguridad que mantiene tanto en sus domicilios declarados como en la sede de sus empresas.

LA NACION tocó el timbre en la casa de la calle Villarino -una de las que invitaron a la prensa a recorrer en 2013 para demostrar que no tenía bóvedas allí-, habló con quienes custodian la chacra en el Barrio San Benito, lo buscó en la sede de la paralizada Austral Construcciones. La respuesta de la custodia fue invariable: "No está, búsquenlo en otro lado". Su casa en El Calafate también permanece vacía y según confiaron quienes lo tratan a diario eligió una de las estancias para mantenerse inhallable.

A Báez no le interesa por ahora hablar con los periodistas. Pero esta situación podría cambiar repentinamente. Como la noche que impulsivamente abrió la puerta de la chacra e invitó a la prensa a bajar a su renovada cava de vinos para demostrar que allí no tenía bóvedas con dinero como lo acusaban.

O como la tarde que eligió el Hotel Patagonia para dar una conferencia de prensa donde no hubo indirectas y dijo sobre sí mismo "me quieren utilizar como un forro", después que en abril del año citado el programa de Jorge Lanata, lo vinculara con el presunto lavado de dinero en los hoteles de los Kirchner que él administraba a través de la gerenciadora Valle Mitre.

Eso es parte del pasado. Lo que Báez diga o calle es quizá lo que más inquieta a la familia Kirchner y su entorno más cercano. En los últimos días, con escuetas declaraciones publicadas en Infobae, el empresario caído en desgracia mostró que tiene intenciones de hablar. Lo que nadie sabe es si elegirá los tribunales de Comodoro Py o algún set televisivo.

Báez está casado hace años con Norma Calismonte, una mujer de una familia tradicional de Río Gallegos, emparentada con el ex intendente Raúl Cantín (FPV), quien llegó al cargo apoyado por Báez y tuvo que renunciar en medio de denuncias judiciales y un gran descontrol en la gestión. Con ella tuvo cuatro hijos, tres de ellos, con cargos gerenciales en las empresas de la familia.

De los cuatro, Martín, el mayor de los varones, es el desvelo de su madre. Cuando las causas judiciales empezaron a acosarlo, los problemas familiares estuvieron a la orden del día. Quienes lo conocen aseguran que intentará en su declaración salvar a su hijo y, si hiciera falta, podría inculparse.

Martín, Luciana y Leandro son los los hijos con participación activa en las empresas de su padre. Incluso ellos han relegado su vida social, ya no son habitués del pub Belfast, que solían frecuentar, y eligen estar sólo con amigos e íntimos que conocen y, saben, no los van a traicionar con una foto. Las reuniones son en la intimidad de sus hogares.

Báez, dueño de dos estaciones de servicios de Río Gallegos, sólo carga el tanque de su camioneta de noche, cuando las mismas ya dejan de ser frecuentadas, suele ir a la estación que está en la esquina de la Av. Kirchner y Ameghino, allí en el local de comidas rápidas, suele probar algún bocado al paso, al igual que su esposa y su hija menor, que fueron vistas en los últimos días.

Desde que estallaron los videos de La Rosadita, donde se lo ve a su hijo Martín, contando dólares y empujando valijas con dinero, Báez recuperó un centro mediático que detesta, pero que podría también convertir en confesionario.

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