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Prof. Mg. María Luisa Miretti
Prof. Mg. María Luisa MirettiProfesora Magíster en Enseñanza de la Lengua y la Literatura.
Coordinadora de la Maestría en Literatura para niños, Facultad de Humanidades y Artes (UNR).
Da Charlas, Talleres y Seminarios de Literatura para niños y alterna sus actividades con la crítica literaria y la escritura.
Ha escrito varios libros relacionados con su especialidad y ha obtenido numerosos galardones nacionales e internacionales por su producción literaria (ensayo y ficción).
Dirección de contacto: mlmiretti@gigared.com
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01-06-2012 - 19:12

DAVID MCKEE y ELMER

DAVID MCKEE y ELMER “Cuando pienso en los álbumes, veo que no sólo es un tipo de libros para niños, es también un libro para adultos, con una forma peculiar. Yo pienso en trabajar para mí, para los niños y para los adultos. Me gusta pensar que escribo para el adulto que el niño será un día y para el niño que aún está en el adulto.”

David McKee


David McKee (1935) es un escritor e ilustrador británico, conocido especialmente por ser el creador de la serie de Elmer, el elefante de colores inspirado en la obra de Paul Klee. Si bien en sus comienzos no llamaba la atención, poco a poco se fue ‘metiendo’ en la mente y en el alma de chicos y grandes porque la magia de este elefante reside es su policromismo, así de simple.


Al principio de la historia eran blancos y negros, hubo guerras fraticidas y poco a poco, de la gran mezcla, fueron saliendo mezcla de blanco con manchas negras, algunos grises, hasta finalizar policromos. Una gran saga de muchísimos tomos, a cual más maravilloso y no precisamente por su almibarado didactismo sino por la grandiosidad espiritual que implícitamente subyace en cada uno.


Por momentos lo vemos tropezar a un Elmer pequeñito, en otra lo vemos asistir a nuevos habitantes de la selva (o el bosque o la comunidad), pero siempre está Elmer marcando un antes y un después para decir ¡basta! con la diferencia y la discriminación.


Hay libros que sólo tienen imágenes –la moda del libro álbum- pero de una sencillez y una belleza en sus líneas y en su colorido que son dignas de destacar y de aconsejar, para compartir entre adultos y niños, o bien para que los más pequeños disfruten solos o en grupos de pares.


David McKee estudió en la escuela de arte de Plymouth, luego se trasladó a Londres donde estudió en el Howsen College of Art y sus comienzos estuvieron ligados al dibujo de las tiras cómicas para diarios y revistas antes de terminar la universidad. Ese estilo de ilustración de aparente sencillez, contiene sin embargo recovecos o huecos que ameritan profundas reflexiones como antes mencionáramos (no es casual que hubiera elegido un elefante de retazos y de todos colores), hay que leer entre líneas o entre imágenes, los muchos guiños que aluden o remiten a hechos actuales (la discriminación, el racismo, el sexismo) tan bien planteadas en las imágenes de colores diferenciados (o en el tratamiento de personajes nuevos en la comunidad).


Estas ‘aparentes e ingenuas imágenes’ requieren lecturas profundas que quizás los niños solos no alcanzan a dimensionar o bien, necesitan un mediador cerca por si necesitan una respuesta a alguna duda o a una pregunta.


Durante su trayectoria, McKee ha ganado numerosos galardones, entre ellos el Premio Hans Christian Andersen (2006).


Algunos de los libros traducidos al español, especialmente recomendables –además de Elmer-, son:


El mago que perdió su magia


Ahora no, Bernardo (Ahora no, Fernando)


Dos monstruos


La historia de Tucán


La triste historia de Verónica


Los dos almirantes


Negros y blancos (en la saga de Elmer)


Odio a mi osito de peluche


Si bien sus libros son especialmente vistos y considerados como libros-álbum para los más pequeños, McKee señala que esto obedece a una lectura superficial del texto y de las ilustraciones, ya que –como antes mencionábamos, es ideal para ser compartido entre adultos y niños, pues -como insiste el autor- el libro es algo físico, “algo que necesitamos dar vuelta en todas las páginas para ver la imagen de frente, lo que ocurre debajo, lo que pasa en el interior de un edificio. Lo que hago es darles libros con ideas dentro, con pensamientos míos y de otras personas, pero la gente encuentra cosas por sí misma. Uso palabras e ideas que los lectores ya tienen dentro de sí. No me gusta poner las cosas muy claras, prefiero hacer historias más abiertas que tengan varias lecturas y que cada lector pueda encontrar la suya.”


Por eso en ELMER encontramos –en toda la saga- tantas y tantas cosas, con su piel hecha de retazos de colores, lo vemos feliz, triste, gordo, flaco, recibiendo nuevos amigos, despidiendo otros, recordando viejas guerras, antepasados negros, o blancos o grises, y de todos colores, con diferencias y problemas, pero en comunidad, venciendo los obstáculos e intentando sobrellevar lo que cada uno es y trajo al mundo de la menor manera.-


María Luisa Miretti



ELMER:


EL ELEFANTE DE COLORES



Esto era una vez un rebaño de elefantes. Había elefantes jóvenes, elefantes viejos, elefantes gordos, elefantes altos y elefantes flacos. Elefantes así y asá y de cualquier otra forma, todos diferentes, pero todos felices y todos del mismo color . . . menos Elmer.



Elmer era diferente. Elmer era de colores. Elmer era amarillo y naranja y rojo y rosa y morado y azul y verde y negro y blanco. Elmer no era color elefante.



Y era Elmer el que hacía felices a los elefantes. Algunas veces Elmer jugaba con los elefantes, otras veces los elefantes jugaban con él; pero casi siempre que alguien se reía era porque Elmer había hecho algo divertido.



Una noche Elmer no podía dormir porque se puso a pensar, y el pensamiento que estaba pensando era que estaba harto de ser diferente. “¿Quién ha oído nunca hablar de un elefante de colores?”, pensó. “Por eso todos se ríen cuando me ven.” Y por la mañana temprano, cuando casi nadie estaba todavía despierto del todo, Elmer se fue sin que los demás se dieran cuenta.



Caminó a través de la selva y se encontró con otros animales. Todos le decían:

Buenos días , Elmer. Y Elmer contestaba a cada uno: ¡Buenos días!



Después de una larga caminata, Elmer encontró lo que andaba buscando: un árbol bastante alto. Un árbol lleno de frutos color elefante. Elmer agarró el tronco con la trompa y sacudió el árbol hasta que todos los frutos cayeron al suelo.



Cuando el suelo quedó cubierto de frutos, Elmer se tiró encima de ellos y se revolvió una vez y otra, de un lado y del otro, hasta que no quedó ni rastro de amarillo, de naranja, de rojo, de rosa, de morado, de azul, de verde, de negro o de blanco. Cuando terminó de revolcarse, Elmer era igual que cualquier otro elefante.



Después de esto, Elmer emprendió el camino de vuelta a su rebaño. Se encontró de nuevo con los animales. Esta vez le decían todos:



-Buenos días, elefante. Y Elmer sonreía y contestaba:



-Buenos días – y estaba encantado de que no le reconocieran.



Cuando Elmer se encontró con los otros elefantes vio que estaban todos de pie y muy quietos. Ninguno se dio cuenta de que Elmer se acercaba y se ponía en el centro del rebaño.



Al cabo de un rato Elmer se dio cuenta de que algo raro pasaba; pero ¿qué podía ser? Miró a su alrededor: era la misma selva de siempre, el mismo cielo luminoso de siempre, la misma nube cargada de lluvia que aparecía siempre de vez en cuando y finalmente los mismos elefantes de siempre. Elmer los miró bien.



Los elefantes permanecían completamente quietos. Elmer no los había visto nunca tan serios. Cuanto más miraba a aquellos elefantes tan serios, tan silenciosos, tan quietos y tan aburridos, más ganas le entraban de reír. Por fin no pudo aguantarse más, levantó la trompa y gritó con todas sus fuerzas:



¡¡¡TURURÚÚÚ. . . .!!!



Los elefantes saltaron por el aire de pura sorpresa y cayeron patas arriba:



- Ah, uh, oh . . .! exclamaron, y luego vieron a Elmer que se moría de risa.



-¡Elmer! –dijeron. ¡Seguro que es Elmer! Y todos los elefantes empezaron a reírse como nunca se habían reído antes.



Y mientras se estaba riendo empezó a llover; la nube descargaba toda el agua que llevaba y los colores de Elmer empezaban a verse otra vez. Los elefantes se reían cada vez más al ver que la lluvia duchaba a Elmer y le devolvía sus colores naturales.



- ¡Ay, Elmer! Tus bromas han sido siempre divertidas, pero ésta ha sido la más divertida de todas –dijo un viejo elefante, ahogándose de risa. Y otro propuso:




- Vamos a celebrar una fiesta en honor de Elmer. Todos nos pintaremos de colores y Elmer se pondrá de color elefante.



Y eso fue justamente lo que todos los elefantes hicieron. Cada uno se pintó como mejor le pareció y, desde entonces, una vez al año repiten esta fiesta. Si en uno de esos días especiales alguien ve a un elefante color elefante, puede estar seguro de que es Elmer.


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