
La autorreferencia es considerada como un síntoma de la crisis de la modernidad; las imágenes que del mundo tenemos, nutren nuestro discurso y se expresan a través de él, y, en su camino de la realidad a la virtualidad, transforman los signos en simulaciones -producto de nuestra propia reflexión-, y entonces, el discurso se estrella con la percepción inevitable de que es el resultado de otra impostura, consecuencia de una nueva y tremenda simulación.
Ahora cómo seguimos, ehhh? Hubiera sido mucho más fácil recurrir a la femenina afirmación: "Yo te lo dije", pero seguramente no me hubiera divertido pensar en y con ustedes sobre la autorreferencialidad, tratando de descularla. Esto viene a cuento de que el 11 de abril escribí, en este espacio de pensamiento libre, "Ese preciso instante de la derrota", en el que hacía referencia al sentido heroico de la vida, y a la humana necesidad de trascendencia del sujeto, las consecuencias de nuestras decisiones y las tentaciones. Ayer, la Diosa Fortuna, golpeó la puerta de la Presidencia del Senado de la Nación, y la atendieron.
El Sr. Vicepresidente de la República Argentina, eventual inquilino de la Presidencia del Senado de la Nación, el Ingeniero Julio César Cleto Cobos -el ninguneado, el segundón, el blanco de diatribas y desaires, objeto preferido de retos y admoniciones de los sicofantes del poder, la víctima propiciatoria de los "maestros ciruela" del constitucionalismo de ocasión- protegido por el escudo familiar cuyo lema es "El que avisa no traiciona", decidió cambiar su ignoto destino "del que toca la campanilla" y ocupando el centro del cuadrilátero (disculpas por la figura boxística ), decidió darle a su compañera de fórmula, la Dra. Cristina Fernández de Kirchner, a la sazón Presidenta de la República Argentina, una nueva posibilidad de reescribir la historia reciente de nuestro País.
Parafraseando al inefable Dalmiro Sáenz quien sostiene que a la historia y al arte -yo agrego "y a la política"- se ingresa por la misma puerta: la de la traición; podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que hoy, el Ingeniero Julio César Cleto Cobos, decidió entrar en la historia en medio de balbuceos y nerviosismos que el camino elegido trae.
Se me ocurre a esta altura, pensar junto a ustedes, si no hubiera sido mucho mejor -desde el punto de vista político- perder en la votación con los senadores 37a 35 (es decir hacer que el bueno e insospechado de Ramoncito Saadi votará en contra y no a favor como lo hizo) que parir el Super-Cobos, el que con su cara de perro apaleado, se ganó el corazón de buena parte de la Nación. Hoy, este nuevo adalid, hijo putativo de las mejores épocas del transversalismo, la concertación y otras elucubraciones de efímera vida, va en peregrinación a Mendoza a visitar a la Virgen de la Carrodilla, Patrona de los Viñedos, y agradecer por los errores de sus adversarios que lo acercan peligrosamente a nuevas tentaciones, pero eso será otra historia.