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LICURGO
Licurgo Gath era un paisano de nuestras tierras, compañero de cabalgatas del "Pachango" Chaves al que llamaban así por su afición a la ópera italiana. Un día, cansados de ser perseguidos por la policía, los indios, los dueños de la tierra, los puesteros de estancia, los ferrocarrileros, la AFIP, los mormones, Patricio Kelly, en fin, por todos aquellos con los que habían tenido tratos, decidieron juntar su pilchas y arreos y abrir una feria de sábados, lo que dio origen, en los albores del siglo pasado, a un almacén de ramos generales, conocido en estos pagos como Gath & Chaves, que luego tendría sucursales a lo largo y ancho de nuestra generosa nación.

Josefo Gath -el padre del mentado Licurgo- andaluz de origen sefardí, había emigrado a la Argentina con el fin de agitar las masas y llevarlas al punto de leudar en aras de la sagrada anarquía, y cuando su esposa dio a luz al primogénito, decidió ponerle el sonoro nombre de Licurgo por entender que el mítico reformador de las leyes griegas, de tan fascista que había sido, generó -en contraposición- el movimiento del que él y sus compañeros formaban parte; ni idea tenía el casi iletrado Josefo de que estaba sentando las bases de lo que luego sería en nuestro país, el famoso "Estamos mal, pero vamos bien".

Y es así que, hace varios años ya, elegí el seudónimo de Licurgo, y debo reconocer que no fue una idea original -el Gral. Perón lo utilizó años atrás-; lo elegí por que, al no estar muy clara la existencia del mentado legislador espartano, su origen es en parte mito, en parte leyenda y en parte realidad, en definitiva, el barro del que están amasadas las buenas historias, no les parece?


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22-05-2008 - 20:05

LA MANO AUSENTE

LA MANO AUSENTE"Rosario, dinamitera
sobre tu mano bonita
celaba la dinamita
sus atributos de fiera
:::::::
bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella
que hoy no es mano porque de ella
que ni un solo dedo agita
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella".

(Miguel Hernández, “Vientos del Pueblo”)


La noticia dice escueta que, en un Jueves del pasado Abril, murió en Madrid -donde había nacido 89 años antes-, Rosario Sánchez Mora, “Rosario la Dinamitera”, destinataria de la poesía épica de Miguel Hernández, su compañero de trincheras.

“...Joven, delgada pero recia mujer del pueblo dispuesta a perder su propia vida por preservar las conquistas sociales y políticas que les iba proporcionando la República a los ciudadanos y ciudadanas españoles”; la recuerda el historiador Javier Ruiz en el obituario del Partido Comunista de España. Conoció las cárceles del franquismo y recuperada su libertad vendió cigarrillos en la plaza de Las Cibeles, hasta su retiro, manteniendo intactas sus convicciones y de hecho, participando en todas las actividades del PCE, hasta su deceso.

Se podrá coincidir o no con su pensamiento y acción, ese juicio carece de sentido ahora, pero ciertamente ese muñón cicatrizado que por mano ostentaba, esa mano invisible que nunca traicionó sus ideales, ese secreto significado que tenía la circunstancia de ser, justamente, su mano “derecha” la que había perdido, esa nada al final del brazo, nos habla de la historia, la lucha y el compromiso. Claro está que, en esa mano inexistente, nunca sus dedos hubieran podido lucir un solitario de oro blanco y brillantes, ni esa muñeca exhibir un Rolex Presidente de oro, y mucho menos producir gestos admonitorios en arrebatos de soberbia; pero esa es otra historia allende los mares, parafraseando a Alberto Cortez.

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