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LICURGO
Licurgo Gath era un paisano de nuestras tierras, compañero de cabalgatas del "Pachango" Chaves al que llamaban así por su afición a la ópera italiana. Un día, cansados de ser perseguidos por la policía, los indios, los dueños de la tierra, los puesteros de estancia, los ferrocarrileros, la AFIP, los mormones, Patricio Kelly, en fin, por todos aquellos con los que habían tenido tratos, decidieron juntar su pilchas y arreos y abrir una feria de sábados, lo que dio origen, en los albores del siglo pasado, a un almacén de ramos generales, conocido en estos pagos como Gath & Chaves, que luego tendría sucursales a lo largo y ancho de nuestra generosa nación.

Josefo Gath -el padre del mentado Licurgo- andaluz de origen sefardí, había emigrado a la Argentina con el fin de agitar las masas y llevarlas al punto de leudar en aras de la sagrada anarquía, y cuando su esposa dio a luz al primogénito, decidió ponerle el sonoro nombre de Licurgo por entender que el mítico reformador de las leyes griegas, de tan fascista que había sido, generó -en contraposición- el movimiento del que él y sus compañeros formaban parte; ni idea tenía el casi iletrado Josefo de que estaba sentando las bases de lo que luego sería en nuestro país, el famoso "Estamos mal, pero vamos bien".

Y es así que, hace varios años ya, elegí el seudónimo de Licurgo, y debo reconocer que no fue una idea original -el Gral. Perón lo utilizó años atrás-; lo elegí por que, al no estar muy clara la existencia del mentado legislador espartano, su origen es en parte mito, en parte leyenda y en parte realidad, en definitiva, el barro del que están amasadas las buenas historias, no les parece?


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25-04-2008 - 17:50

CRISIS, HÉROES POPULARES Y MITOS DE ARGENTINA

CRISIS, HÉROES POPULARES Y MITOS DE ARGENTINA

"Enfocado en lo que tiene de vivo, el mito no es una explicación destinada a satisfacer una curiosidad científica sino un relato que hace vivir una realidad original y que responde a una profunda necesidad religiosa, a aspiraciones morales, a coacciones, a imperativos de orden social e incluso a exigencias prácticas." Bronislav Malinowski




La crisis con los productores rurales generó, para el gobierno, varios “efectos no deseados”: la alianza entre de sectores de la actividad que, poco tiempo atrás era absolutamente impensable; el justo apetito sobre el destino de las retenciones por parte de varios gobernadores; el cuestionamiento, desde vastos sectores, al modelo económico; la caída de la popularidad presidencial; el “se puede” de sectores postergados y la aparición, merced a los mass media, de una figura campechana, socarrona que, al revés de Pedro Navaja, no es el diente de oro brillando lo que lo identifica, sino la falta de éste, producto de un accidente en sus labores agrícolas.




En la Argentina de estos tiempos todo es “de ocasión”, hasta los héroes tienen esa consistencia tan característica de los productos adquiridos en “1, 2 y 3”. Hace unos años nos nació un Castells que creció y se desarrolló -robustamente por cierto- a la sombra de la fallecida Norma Plá, poco después supimos prohijar un Blumberg des-ingenierado en vías de lánguida extinción y ahora, en las cuchillas entrerrianas, parimos un De Angelis. Cabe preguntarse en que momento empezará a ser “boleto picado” por obra y gracia de los propios medios que lo fogonean o de quienes lo eligieron cómo “opositor peligroso”, o como es costumbre, una conjunción/componenda de ambos factores que termina con algún paso de baile -una chamarrita o un chamamé en este caso- en alguno de los originales programas conque el Sr. Marcelo Tinelli, suele deleitarnos.




Mientras tanto la gente sufre, calla, y deposita, con desesperada especulación, sus pocas monedas de esperanza en aquellos que más cerca están de su condición. No se equivocan, esperan, apostando a futuro, fieles al mandato de Fierro “...hasta que venga algún criollo/ En esta tierra a mandar.”




Sencillito y de alpargatas (Omar Moreno Palacios dixit), Alfredo de Angelis, subido a una “chata”, hoy devenida en “perversa 4x4” -según prescripciones oficiales-, o desde la tarima improvisada de un semi-remolque, se comunica con sus pares y comunica a la sociedad de una manera directa y sin tapujos. No sabe de epizeuxis, oximorones, metonimias, braquilogías o epítesis, pero, entre pícaro, sobrador y chicanero, personalidad social básica del argentino medio, “interpreta” y “transmite” en un juego, al que las circunstancias, buscadas por él mismo, le asignan el doble rol de héroe-villano dependiendo de quien sea el interlocutor, dicotomía que no es nueva en la Argentina, de hecho casi la totalidad de nuestro “parnaso heroico” esta afectado por el virus de la subjetividad “del cristal conque se mira”




Los pueblos y las tradiciones reconocen manifestaciones heroicas con carácter de epopeyas, atribuidas a mortales, y nuestro país, no podía quedar al margen de la estructura mítica universal. No, queridos amigos, la vida en este vergel sería demasiado aburrida sino contara con nosotros, los argentinos. Rica en héroes populares que reúnen las características de justicieros, vengadores de los humildes, estos bandoleros románticos encarnaron la figura del rebelde social que se diferencia del simple delincuente porque su acción va dirigida “predominante pero no exclusivamente” contra los poderosos, simbolizando la lucha contra la opresión y la injusticia. 


"En este doble rol de héroes-villanos populares encontramos, sobradas muestras, a lo largo y a lo ancho de nuestro país: el mendocino Juan Cubillos; el santafesino Juan Vairoletto; el sanjuanino Jose Córdoba; los correntinos Francisco López, Antonio Mamerto Gil Nuñez (El Gauchito Gil), Aparico Altamirano, Olegario Álvarez (El Gaucho Lega), el Gato Moro; el catamarqueño Julián Barquisay; el patagónico Ascencio Burnel, Felipe Pascual Pacheco (El Tigre de Quequén); el cuyano Santos Guayama; los tucumanos Bazán Frías (El Manco) y Segundo Peralta (Mate Cosido) y el entrerriano José Font (Facón Grande), entre otros."
 

Estos “gauchos santificados popularmente” -a los que León Gieco denominara, en una poética exigida y abusando de la generalización, con el mote de “Bandidos Rurales”-, presentan una serie de elementos similares y comunes que, si miramos con atención, podemos encontrar en nuestro más reciente “bandido”. En principio son miembros de los mismos grupos que los veneran, es decir, campesinos, desposeídos y sometidos a situaciones de injusticia o circunstanciales moradores del arrabal social; participan, por lo tanto, de la misma cultura popular que los canonizó; con un sentido trágico “bordeline”, sus vidas se desarrollan al margen de la ley y de la autoridad constituida, la que es resistida, pasiva y sordamente, por la comunidad, y activamente por ellos y como consecuencia de todo esto, tienen vínculos con la misma que los protege y a la cual ayudan.




No es de extrañar entonces las demostraciones de afecto y cariño que recibe Don Alfredo, de una ideología tan impenetrable como efectivo es en su discurso. A lo largo y ancho de nuestro país, tanta es la necesidad que tenemos, como pueblo/niño que somos, de crear héroes y fundar mitos que, no escatimamos esfuerzos en la tarea, y por ahí, con la misma velocidad y en una re-edición moderna del mito de Cronos, aquel que encontró en la gastronomía la forma de perpetuarse, comiéndose a sus hijos; practicamos alegremente y sin escrúpulos la héroe-fagia con nuestras propias creaciones, y, como dice Gilda, fuiste.




Aprendamos de la historia, que desdichados son los pueblos que depositan, exclusivamente, sus esperanzas en héroes, pero más desdichadas aún son aquellas sociedades en las cuales sus gobiernos sacrifican a estos, como forma de unificar el discurso del posibilismo y la naturalización de una realidad, a todas luces, injusta.


Fuentes:

Diccionario de Mitos y Leyendas - Equipo NayA - www.cuco.com.ar
www.lagazeta.com.ar
Prensa de estos día
León Gieco, “Bandidos Rurales”


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